“El Coso”, un rincón emblemático y lleno de encanto

Desde el año 1927 pasaron por los bajos de la plaza de toros de Granada distintos negocios hasta que hace unos años, una atinada remodelación, adaptó los locales a restaurantes y bares de copas con una acertadísima decoración asimilada al propio entorno y al estilo neomudéjar de la plaza, construida por el maestro de obras “El Pajarero”.

En uno de estos bajos se ubica el famoso restaurante “El coso” donde se pueden apreciar los arcos germinados, los intercolumnios con capiteles esquemáticos de estilo andalusí. Lugar de encuentro a medio día, poco después de la hora del ángelus, para degustar una exquisita cerveza o unos caldos de la selecta bodega del lugar, unido a unas tapas elaboradas con exquisitez, gusto y mimo. Cuenta con un amplio comedor en dos plantas que admite varias combinaciones según las necesidades, más uno al lado de la cava de vinos para comidas privadas.

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Este local, que regenta Fernando Jiménez, destaca no solo por su cocina sino por el trato del personal que es exquisito y por David Moleón, que hace las veces de alma y encargado y que propicia que los clientes se sientan como en casa. A estos hay que sumar a Maxi, un camarero de casta, buena gente, profesional, curtido en el ruedo de las barras. Este conjunto ha conseguido crear cierta fidelización y no es extraño que la gente, sea o no de Granada, tenga este lugar como centro de referencia, tanto para unas simples cañas como para disfrutar de su esmerada cocina a unos precios razonables.

Una carta bien elaborada y con exquisiteces que van desde el remojón granadino, pasando por el jamón ibérico, las tablas de quesos surtidos, el arroz meloso, las pavías de bacalao, croquetas de rabo de toro con chocolate, cazuelas de rape y marisco, llegando hasta unas exquisitas carnes hechas con carbón de encina.

Cuenta con una amplísima terraza justo a los pies de la plaza donde reposar en las noches de estío con una copa en la mano.

Un rincón emblemático lleno de encanto, con buenos profesionales, de una esmerada cocina y donde se puede mantener una agradable conversación sin ruidos excesivos, ya que la alta techumbre del local dispersa el sonido. Un lugar, en fin, para serenar el cansancio y disfrutar de su cocina, de su emblemática decoración y de una compañía siempre agradable.

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