Estancia Jesuítica Santa Catalina, donde gobiernan los suspiros

Fotos: Viviana Bandeo

La curva enripiada no había terminado de enderezarse, cuando la vista se transformó en suspiro. Es que allí, en frente, de manera señorial estaba erguida como un caballero hidalgo, la majestuosa capilla Jesuítica Santa Catalina, única de las cinco de este tipo dispersadas en el territorio cordobés que aun permanece en manos privadas. Adornada por esplendorosos árboles de toda especie, la capilla describe perfectamente la huella del paso de los Jesuitas por la Provincia antes que sean expulsados de las misiones.
Camino a Ascochinga, Santa Catalina fue casco de estancia, y culto a la fe cristiana por donde desfilaron personajes patricios que más tarde la historia se encargaría de enarbolar. Los jesuitas comenzaron a construirla a partir de 1622 y conjuntamente con la de Alta Gracia, Jesús María, Caroya y La Candelaria se trata del mayor conjunto arquitectónico edificado por la Compañía fuera de la ciudad de Córdoba.


Tras la salida de la congregación del país, quedó en manos de una de las hijas de Francisco Díaz, María del Rosario, y la región tuvo dos momentos de apogeo: uno, con los jesuitas, y el otro desde finales del siglo XIX cuando se convirtió en un lugar preferido por las clases sociales más altas de nuestro país y recibió la visita del dos veces presidente Julio Argentino Roca y el gobernador Ramón J. Cárcano, entre otros.
Julio A. Roca fue propietario de la estancia La Paz, uno de los lugares dignos de ser conocidos y donde se realizan muchos eventos sociales importantes. Fue heredada por Roca tras la muerte de su mujer, cuñada del gobernador Juárez Celman. La estancia está en el camino entre Ascochinga y Jesús María.
En esa zona se gestaron las presidencias de Juárez Celman y Carlos Pellegrini. También los libros de historia indican que Domingo Faustino Sarmiento, Nicolás Avellaneda y Miguel Cané llegaron hasta este hermoso paraje para contactar al principal dirigente de la época.

Legado jesuítico
Santa Catalina, forma parte de la red de estancias jesuíticas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Es posible visitarla y descubrir cómo conserva el diseño propio de los siglos XVII y XVIII. Además, está conformada por su iglesia monumental, con una imponente fachada de dos torres y el remate curvilíneo de su cuerpo central. Y sobre él, destaca una potente estructura ligeramente ondulada de columnas y frontones curvos. Si uno observa con detalle, puede notar la influencia del barroco centroeuropeo en la fachada.
Junto a la iglesia se encuentran el pequeño cementerio precedido por un portal que repite el estilo de la fachada de la iglesia y la residencia con sus tres patios, locales anexos y huerta.
Separados del cuerpo principal de la estancia, podemos encontrar el noviciado, la ranchería. Se suma el sistema hidráulico (tajamar, restos de acequias y molinos) y restos de hornos.

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Cómo llegar
Desde Córdoba Capital, se puede ir por la RN 9, hasta Jesús María. Desde allí, tome el camino que va a Ascochinga. A 7 u 8 kilómetros, se encuentra un desvío a mano derecha que conduce a Santa Catalina.

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