Oscar Alemán, el virtuoso anónimo del jazz

Nació en una pequeña localidad chaqueña, respiró música desde niño y se convirtió en un referente del jazz a nivel mundial. Tocó con los más grandes del género y hoy su nieta, Jorgelina Alemán, continúa adelante con su legado. En esta nota, lo recuerda y comparte cuáles son sus deseos para que la obra de su abuelo no quede en el olvido.

“Estoy orgulloso de ser argentino y de ser chaqueño, porque un chaqueño es tan argentino como cualquier otro”, solía decir Oscar Marcelo Alemán, el músico y guitarrista de jazz más grande que vio nacer la patria, pero que tuvo que abandonar su provincia para buscar futuro y soñar con empezar a vivir de la música.

Nacido en Machagai, Chaco, fue virtuoso desde la cuna. Llegó a tocar con Louis Armonstrong y Duke Ellington, entre otros nombres icónicos. En la Argentina se codeó con pesos pesados como Carlos Gardel o Enrique Santos Discépolo, cuando tuvo su acercamiento al tango.

La vida de este chaqueño estuvo, desde su inicio, marcada por la música. Su madre era pianista y su padre y hermanos formaron el Sexteto Moreira, donde interpretaban música nativa de origen qom. Instalado en Buenos Aires, fundó el grupo Los Lobos junto al guitarrista brasileño Gastón Bueno Lobo. En Europa, conoció a Josephine Baker, la famosa bailarina estadounidense que lo convocó para dirigir sus espectáculos. Su destino ya estaba marcado.

El legado

Su nieta, Jorgelina Alemán, sigue sus pasos. Descubrió su música y se enamoró sin dudarlo. Hoy es una fiel referente del jazz y blues en Argentina y una gran promotora de la obra de su abuelo. Hace años que le rinde tributo en cada show y presentación que realiza a lo largo y ancho del país. Sueña con crear un centro cultural donde se forme a los músicos que no cuenten con los recursos necesarios para estudiar, tal como lo hubiese querido Oscar Alemán.

-¿Qué recuerdos tenés de tu abuelo?

-Lo recuerdo en su estudio de música, en su departamento de la calle Maipú, y los almuerzos donde nos contaba anécdotas de sus viajes por el mundo, y las grandes figuras con las que tocó. Me encantaba observar sus guitarras, recuerdo muñequitos negros que tenía de adorno y escucharlo era apasionante.

-¿A qué edad tomaste dimensión de quien era él?

-En la adolescencia, me empecé a interesar por esa música tan especial que el hacía (foxtrot, jazz) y cuando, comencé a cantar profesionalmente descubrí quién era a través del público.

-¿Su figura influyó en tu elección por la música?

-En principio desde mis raíces sentía una gran atracción por cantar música negra, los musicales como Hair y luego el blues, el soul me fueron atrapando. En mi casa se escuchaba música brasilera y todo tipo de géneros.

-Nació en Chaco, triunfó en el mundo, pero en Argentina le faltó un mayor reconocimiento, ¿lo sentís así?

-Sí, claro. Si bien hay un documental sobre su vida, “O A Vida con Swing”, de Hernán Gaffet, con el cual colaboré en su realización, en el mundo es mayor el reconocimiento a su carrera. En el universo de Jazz de Oslo lo homenajean constantemente, su director, Ian Evensmo y otros grandes en el mundo tienen páginas sobre él y son coleccionistas de su obra.

-¿Qué soñás que suceda con la obra de tu abuelo?

-Todo lo que está empezando a suceder es un sueño hecho realidad. También sueño crear un centro cultural con su nombre para llegar a los que tienen menos posibilidades de acceder a una carrera artística, poder formarlos para así continuar con lo que fue parte de la vida de mi abuelo. Este año editaron un libro en Estados Unidos, transcribiendo sus solos instrumentales, en partituras musicales escribiendo nota por nota cada uno de ellos, escrito por Greg Rubí, un joven guitarrista de jazz. Fue un gran reconocimiento a su música.

-Tocó con Armostrong y Ellington, entre tantos otros grandes, ¿te imaginas cómo hubiese sido tocar con él?

-Hubiese sido maravilloso. Yo canté sobre una grabación de un standard de jazz, Stardust, tocada por mi abuelo y esa versión está incluida en dos discos, uno mío que se reeditó, “El jazz en las venas”, con el bonus track de esta versión y un cd doble de él, “Eternamente vivo”; ya es un sueño para mí estar en un disco con mi abuelo que va por el mundo. No canté junto a él pero si junto a su música.

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