La fiesta ancestral que se vive en La Rioja

Chaya apaga el fuego de Pujllay que muere y se lo entierra hasta el año que viene.

Fotografía: Santiago Solans

En febrero, en la provincia argentina de La Rioja, tierra de olivos y vid, desaparecen las barreras, las clases sociales, las edades y los géneros: nadie puede estar ajeno a la máxima celebración que vive este pueblo una vez al año: la “La Chaya”, el carnaval ancestral que logra reunir a multitudes que acuden en busca de música, harina y albahaca. Tierra de grandes escritores, poetas y músicos, Daniel Moyano, Ramón Navarro, Pancho Cabral, Sergio Galleguillo, Natalia Barrionuevo, Bruja Salguero, entre tantos.

Pero también existen varias fiestas satélites a la principal o más mediática que se realiza en la ciudad capital. Chilecito es una de ellas, que con los años va ganando adeptos y popularidad. El Programa Festejar, del Ministerio de Cultura de la Nación, brinda apoyo a esta nueva edición, que se llevará a cabo del 1 al 28 de febrero. Los corsos barriales del 5 al 10 de febrero, mientras que los topamientos serán el 4 y 11. Durante las celebraciones, habrá desfile de carrozas, comparsas, disfraces y elección de la reina del Carnaval.

Una celebración legendaria

Cuenta la leyenda que Chaya era una muy bella jovencita india, que se enamoró perdidamente del Pujllay, joven alegre, pícaro y mujeriego que ignoró los requerimientos amorosos de la hermosa indiecita. Fue así como ella, al no ser debidamente correspondida, se internó en el monte a llorar sus penas y desventuras amorosas, desapareciendo en él para siempre. Desde entonces, suele retornar anualmente, hacia mediado del verano, del brazo de la Diosa Luna (Quilla), en forma de rocío o fina lluvia. En tanto Pujllay, sabiéndose culpable de la desaparición de la joven india, sintió remordimiento y procedió a buscarla por todo el monte infructuosamente. Tiempo después, enterado el joven del regreso de la joven a la tribu con la luna de febrero, volvió también al lugar para continuar la búsqueda. Pero fue inútil. Allí, la gente que festejaba la anhelada cosecha, y lo recibía con muecas de alegría; él, por su parte, entre la algarabía de los circunstantes, prosiguió la búsqueda y la indagación con profunda desesperación y resultados siempre negativos. Por ello, derrotado, terminó ahogando en chicha su soledad y su pasada fama de Don Juan. Hasta que estuvo muy ebrio, cayó en un fogón y murió quemado. Desde ese entonces, “Chaya” viene en febrero año a año a apagar el fuego de “Pujllay”; y cada año aparece el Pujllay y muere al terminar el festejo, y se lo entierra hasta el año que viene.

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